Antes de que la modernidad monopolizase la palabra “colocado” para ciertos hábitos lúdicos y perniciosos, la generación de mi padre la utilizaba para otros menesteres más honrados, a saber: un trabajo digno. El concepto de “colocado” sugería un trabajo generalmente de bien y duradero, comparable a la palabra mágica de “fijo”.
“Estoy colocado” o “estoy fijo”, el trabajo de 9 a 5, era una panacea que todavía continúa siéndolo para muchas personas. Craso error porque, para bien o para mal, el mundo económico global cada vez necesita menos “fijos” y sí muchos más “móviles”. Personas con ideas, sin miedo a trabajar en proyectos que tienen un inicio y un fin, dispuestas a cambiar de domicilio, a viajar, a involucrarse 24/7, a escupir ideas innovadoras con constancia y a trabajar en equipos interdisciplinares, cuyos miembros pueden encontrarse repartidos por todo el planeta.
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